El dolor de la ausencia tras perder a un ser querido

A través de estos párrafos, intentaré traducir el silencio que deja una partida, lo que significa la pérdida de alguien muy cercano: ese ser querido con quien se comparte la vida diaria, lo que se puede llegar a sentir emocional y físicamente. Sin embargo, todo esto no es una regla, ya que cada persona vive un duelo único e incomparable. 

¿Qué significa el duelo?

La palabra duelo, en el diccionario de la lengua castellana, se define como una pelea o combate entre dos. Es curiosa esta definición, ya que así se percibe: una lucha, pero en este caso no hay nadie más; es una pelea entre tú y tu dolor. Es enfrentarse a una nueva realidad. 

En medicina, la definición varía según los textos, pero en general se describe como un proceso natural y adaptativo que permite a las personas afrontar el dolor emocional tras la pérdida de un ser querido. Además, es considerado uno de los estresores vitales de mayor intensidad. 

Está descrito desde el punto de vista médico, pero las palabras nunca alcanzarán para todo el dolor y el vacío que se siente ante este tipo de pérdida. 

Es una circunstancia común; sabemos que como seres humanos todos moriremos en algún momento, pero no hay dolor más crudo que este. 

No es algo que se elige, ni se desea, y en muchas ocasiones tampoco se espera, lo que lo hace aún más desgarrador. 

Aunque creamos estar conscientes que la muerte está cerca, como ocurre por ejemplo en enfermedades terminales, nunca se está realmente preparado/a, porque cuando llega el momento, el impacto emocional es devastador.

Cambios en el cuerpo durante el duelo

Al recibir la noticia, se producen cambios emocionales y también físicos.

A nivel cerebral, aunque la información aún es limitada en la literatura médica, se cree que se afectan varias áreas: 

Desliza la tabla para ver toda la información en la versión móvil.

ÁREA CEREBRAL

FUNCIÓN

EFECTO DURANTE EL DUELO

Amígdala

Es una región del cerebro que está encargada de procesar las emociones.

Durante el duelo al aumentar su actividad se intensifican las respuestas emocionales,
como consecuencia aparece la ansiedad, tristeza profunda y angustia, lo que afecta directamente el descanso nocturno.

La Corteza Prefrontal

es responsable de varias funciones, como son: la toma de decisiones, la regulación emocional, el comportamiento social entre otras.

En el duelo reduce su actividad, lo que puede generar dificultad para tomar decisiones, regular emociones y mantener claridad mental.  

El Hipocampo

participa en la formación y recuperación de la memoria.

Durante el duelo puede volverse menos activo, dificultando la formación de nuevos recuerdos y la recuperación de los antiguos, generando confusión, sensación de desorientación y distorsión de la percepción del tiempo. 

También se producen cambios hormonales, entre los que se incluyen:  

Oxitocina: es conocida como la ‘hormona del amor‘ porque facilita la creación de lazos afectivos y de apego. Durante el duelo, sus niveles varían drásticamente; su disminución está asociada al anhelo intenso y a la dificultad para dejar ir al ser querido, impulsando una búsqueda constante de su presencia 

Cortisol: también llamado la hormona del estrés, prepara al cuerpo para reaccionar ante emergencias. Su elevación prolongada durante el duelo afecta la memoria y la concentración, debilita el sistema inmunitario, incrementa el esfuerzo cardiovascular y altera profundamente los patrones de sueño. 

Todos estos cambios hacen que haya un gran gasto de energía a nivel del cerebro, causando fatiga, problemas de memoria y de concentración, además de dificultad para la toma de decisiones.  

Por tanto, el duelo afecta en general la salud, tanto emocional como físicamente.

Además, se ha observado un aumento en la morbimortalidad, es decir, que este proceso emocional tiene un impacto directo en la salud física, elevando tanto la probabilidad de desarrollar enfermedades como el riesgo de fallecer, especialmente enfermedades cardiovasculares, depresión e incluso suicidio. 

En la ausencia 

El duelo obliga al cerebro a un proceso de reaprendizaje. La persona que sufre la pérdida debe replantearse cómo vivir ante la ausencia de su ser querido, lo que implica reestructurar su vida desde cero.

Esto lo/la saca de su zona de confort de manera brusca; el cerebro se ve obligado a realizar una reprogramación forzada para generar nuevas rutinas, adaptándose a que todas esos momentos que mantenía con el ser querido desaparecieron. En pocas palabras, se enfrenta al reto de aprender una nueva forma de vivir. 

Por tanto, es común que la persona se sienta perdida, confundida y sumida en una neblina mental, sin saber qué rumbo tomar ni cómo empezar a reconstruir su vida tras esta pérdida forzada.  

Esta transición provoca una desestabilización tan profunda que incluso el acto de despertar se hace insoportable, al recordar que no es un sueño y que los momentos cotidianos compartidos con el ser amado ya no existen.

Todo se derrumba en nuestro interior: de pronto, las bases que nos sostenían ya no están y nos toca volver a levantar la vida sobre las ruinas, con el miedo de no saber cuál es el primer paso a seguir. 

El impacto del silencio

Se produce un choque con el nuevo escenario cargado de tensión, incredulidad e irrealidad. En algunos momentos, puede percibirse como si la persona nunca hubiera existido, la vida continúa su rumbo ajeno a todo, mientras que para el doliente su pérdida lo es todo. 

Es difícil de comprender, e incluso resulta irreal, cómo un el cuerpo del ser querido que estaba lleno de vida, que se movía, hablaba, reía… se encuentra ahora inmóvil y sin vida, con sus ojos apagados y cerrados para siempre. 

 

El entorno y el dolor 

El dolor por la muerte de una persona disminuye a medida que el vínculo se vuelve más lejano, lo cual es comprensible, pero ese distanciamiento puede resulta doloroso para el doliente al ver cómo, incluso dentro de la propia familia, esta pérdida no se percibe con la misma intensidad.

Es en ese instante cuando se hace evidente que el mundo sigue girando a pesar de todo. Nada se detiene afuera; pero por dentro, el tiempo no avanza; y a su vez, los familiares más distantes no logran comprender el sufrimiento profundo de aquellos que compartían el día a día con el fallecido. 

Errores comunes al afrontar el duelo 

Al ser la muerte un proceso natural, se puede caer en el error de afrontarlo a la ligera y minimizarlo. 

Puede ser frecuente pensar e incluso escuchar de familiares, amigos y demás personas cercanas que hay que seguir adelante, alentando a que el proceso debe ser corto y que se debe continuar lo antes posible con la vida diaria. 

Este proceso requiere paciencia con uno mismo, llorar y aceptar la pérdida, porque no hay forma de huir del dolor. Debe ser un momento para detenerse y bajar el ritmo. No existe ninguna fórmula mágica para superar el duelo de forma rápida y eficiente. 

Un proceso profundamente personal 

En algún momento la gran mayoría de los seres humanos pasaremos por esto. Es un camino solitario y no me refiero a la compañía externa: pueden estar muchas personas apoyando, abrazando y acompañando, pero el dolor es interno.  

No hay nadie que pueda alivianar la carga; hay confort con el apoyo de otros, pero esto no hará desaparecer el dolor. Hay que enfrentarse por sí mismo/misma al duelo, con el vacío que, aunque se intente no sentir, ahí está. No se va, no es algo de lo que se pueda huir. 

No hay nada ni nadie que pueda reemplazarla/lo. Se puede intentar, tal vez, buscar al ser querido en otras personas, pero finalmente sabremos que es imposible cada ser humano es único e irrepetible

La huella que permanece

Recordemos que el duelo es un proceso natural; por lo tanto, no se puede evitar por mucho que se intente. 

En los textos médicos se suele hablar de un periodo como referencia para evaluar cómo avanza el proceso del duelo el cual es de uno a dos años, pero el tiempo varía en cada persona, aunque, a decir verdad, la pérdida de un ser querido siempre estará. Aunque pasen los años, sus recuerdos no se borran; pueden pasar décadas, pero lo vivido permanecerá por siempre.

Un espacio seguro para tu duelo

Si estás atravesando un duelo, recuerda que no tienes que vivirlo en soledad o si conoces a alguien que esté pasando por este proceso, tu compañía, tu escucha y tu presencia pueden marcar una gran diferencia. 

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente, es muy importante afrontar el duelo de la mano de un profesional. Esto permite recibir el manejo adecuado según las circunstancias de cada situación y, de este modo, prevenir un duelo complicado.

Otra forma de presencia

Aprender a convivir con la ausencia es un camino difícil, pero también es una forma de seguir honrando a quien ya no está.  

El duelo, aunque doloroso, también revela la profundidad del vínculo que existió. Nos muestra cuánto fuimos capaces de amar, y en ese reconocimiento también hay una forma de entendernos mejor a nosotros mismos.

Este espacio es para ti.

Si lo deseas, puedes compartir tu experiencia durante un duelo. A veces, poner en palabras lo que llevamos dentro no solo alivia, sino que también puede acompañar a otros en su proceso.

El amor no desaparece con la ausencia; cambia de forma, pero permanece.

Fuentes consultadas

Neurobiología del duelo – Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría 
Desentrañando la neurobiología del duelo: Perspectivas sobre el cerebro y el comportamiento – Revisión narrativa 
Naturaleza del duelo: implicaciones para la neurobiología de la emoción | Neurociencia de la Conciencia | Academias de Oxford 
Cómo el duelo reajusta el cerebro y puede afectar la salud – y qué hacer al respecto | American Heart Association 
¿Anhelando amor? El duelo persistente activa el centro de recompensa del cerebro – PubMed 
Expresa tus penas…: La Neurociencia del Duelo 
Protocolo de Atención al Duelo en la Comunidad de Madrid.

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